Aférrate a las cosas que Dios te ha dado por heredad y no las desprecies

Aférrate a las cosas que Dios te ha dado por heredad y no las desprecies

La mayoría de las personas son buenas para retener las cosas malas; la mayoría de personas son buenas para retener las malas costumbres y los malos pensamientos, para retener en el corazón las heridas del pasado, para retener en el corazón las cosas que nos han quebrantado; cosas, que, en vez de llevarnos de poder en poder y de triunfo en triunfo, nos lleva a una vida caótica; y al retener esas cosas negativas… es tener una carga sobre nosotros; carga que en momentos nos sentimos flaquear y entonces esto impide correr la vida como Dios quiere que la corramos, con libertad y gozo inefable.

Que tarea tan difícil es retener lo que nos va a edificar, lo que nos va a bendecir,  para tener una vida victoriosa y triunfante en Dios. Que cosa más difícil es guardar y atesorar lo que Dios en algún momento nos ha regalado.

Pero Dios a pesar de lo que somos, Él ha depositado una muchedumbre de cosas fantásticas en cada uno de nosotros, cosas incomparables, cosas que no se pueden negociar con el mundo.

Una cosa es recibir y otra cosa es retener. La palabra retener significa guardar, conservar, abrazar algo para nosotros. Es sinónimo de fidelidad, constancia, por contender algo.

Son pocas las personas que guardan lo que Dios les ha regalado, lo que Dios les da lo reciben de una manera tan grata, lo cual se aferran de aquella bendición y por ende la protegen para que nadie se las arrebate tan fácil de sus manos. Es decir, son personas que se niegan a soltar la bendición.

1 Reyes 20 nos narra la historia de un hombre llamado Nabot y también de un Rey malvado llamado Acab. Aquel Acab deseada a toda costa la viña de Nabot. Nabot era un hombre humilde, pero un hombre conocedor de Dios y de su ley, él sabía que su viña no tenía precio, no había negocio para él por más llamativo que pareciera, ni oferta lo suficientemente valiosa como para dejarse llevar por la tentación de vender su heredad. Este hombre Nabot sin ningún miedo le decía no al Rey. Pero le decía a Dios exclamando a gran voz desde lo profundo de su corazón: ¡Guárdame Jehová, que yo de mi viña!

 El Rey acostumbrado a que se le concedieran todos sus deseos, debido a su poder, después de este rechazo, después de ser confrontado con la respuesta de este hombre pobre y humilde pero que creía en Dios, se dio cuenta que se encontró con un hombre que no le importaba la posición del Rey. Verdaderamente Nabot valoraba lo que tenía y no le importaba lo que le costara, pero iba a guardar lo que había recibido.

Por tanto, Acab se deprimió en gran manera. Jezabel la esposa del Rey se dio cuenta de que Nabot, se había atrevido a llevarle la contraria a su esposo. Entonces, Jezabel en su astucia de malvada, contrato a dos testigos falsos, para que aseguraran de haber oído blasfemar a Nabot contra Dios y contra el Rey, y esto acarrearía en Nabot una muerte segura.


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Y así terminaron los días de Nabot, este hidalgo que creía en Dios, fue apedreado y echado de la ciudad como el más vil de los hombres, e incluso, hasta mataron a toda su familia para que no heredaran nada de aquella viña.

Una viña en aquel tiempo se consideraba, una de las posesiones más altas, porque con la viña estaba la promesa, de que siempre gozarían del fruto de la vid. También la viña significaba seguridad, prosperidad, algo muy preciado cuyo valor monetario no sobrepasaba al valor simbólico que tenía.

Nabot resistió al Rey, no queriendo dar lo que había recibido por heredad. Porque lo que se recibe por heredad no se entrega tan fácil. Y aquella viña representa las incalculables bendiciones de Dios en nuestras vidas.

No importa cuán grande o cuan chica sea tu viña, reten en tu corazón la ley de Dios, la cual te salvara de muchas cosas, que, aunque vengan las ofertas del mundo para vender lo que Dios te ha dado, te mantengas firme en la línea de batalla. Recuerda que la viña es algo que Dios te ha entregado, para que des frutos en ella y seas de gran bendición.

No te canses de servir a Dios, no te canses; hay que seguir hasta el final, aunque tengas dolores, aunque tengas desmayos, no te puedes relajar… Si has aprendido a valorar lo que Dios te ha dado, permanecerás dispuesto a hacer la obra de Dios.

Aunque te cueste la vida, aunque te cueste pedazos de tu corazón en el altar, entrégalo todo al Señor, entrégale todo aquello que se quiere robar la gloria de Dios en tu vida. Anhela la ternura de la presencia de Dios en tu corazón, desea la manifestación poderosa de Dios en tu vida.

No es la mano del hombre la que te ha bendecido hasta aquí, recuerda que es la mano de Dios que está obrando en tu vida. Aunque el diablo venga a hacerte daño, hay una señal en tu frente que dice: No lo puedes tocar.

Mensaje de la Hna. Carmen Valencia de Martínez

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Luis Peñaranda

Programador de Celestial Stereo. Miembro de la iglesia central del MMM Bogotá, Barrio 12 de Octubre. Apasionado con la evangelización.

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